Lideres de Cataluña dispuestos a sacraficar sus seguidores

Humberto Ozoria

Los dirigentes independentistas tuvieron la oportunidad en múltiples ocasiones de detener la tragedia que viene viviendo la comunidad de Cataluña desde el momento en que anunciaron el referéndum del pasado primero de octubre, en cambio han preferido continuar con su rosario de mentiras a la sociedad aun cuando la Unión Europea la ha dado la espalda.

 

Esto a tal grado que ex presidente de la Generalitad ha enfilado sus cañones en contra la unión, por no corresponder a sus caprichos de respaldo, algo que luego tuvo que retractarse pues algunos de sus colaboradores le señalaron el error que era tomar esa vía.

 

Es tanto el engaño que luego de que la mayoría reconocieron que fue no estaban preparado para declarar la república, otros también admitieron que solo declararon la independencia para tratar de buscar una vía negociadora. Después de todo esto  la dirigente del ERC, Marta Rovira, denuncia que el gobierno les amenazó con muertos, sin presentar ninguna prueba.

 

Estas declaraciones, además de enmarcarse en la cadenas de mentiras trae una verdad que llevaban escondidos los independentistas, una verdad que era parte del juego al que desafiaban al gobierno pero que esta vez no cayeron en sus garras. La intensión era provocar al gobierno para que la violencia no quedara solo en los actos del primero de octubre, sino que la sangre llegara al río, de esta forma sus denuncias de atropello si llegaran a provocar la ira y rechazo internacional.

 

Por eso la huelga del ocho de noviembre donde los jóvenes manifestantes impidieron el libre transito de las carreteras e interfirieron en las principales terminales de trenes tenía como objetivo provocar a los cuerpos del orden para que arremetieran contra las multitudes esperando los dirigentes por los muertos, fueron tan irresponsables que hasta niños llevaron a estos actos.

 

Fue, por tanto, una extraordinaria decisión la del Ministro de Interior, Juan I. Zoido de enviar a los Mossos, Policía y Guardia Civil con orden de observar e impedir peores consecuencias y no caer en la emboscada que nuevamente pretendían los grupos independentistas para justificar su causa antes las miradas internacionales.